La Escritura


ORIGEN DE LA ESCRITURA

Escritura: método de intercomunicación humana que se realiza por medio de signos visuales que constituyen un sistema. Un sistema de escritura puede ser completo o incompleto; es completo el que puede expresar sin ambigüedad todo lo que puede manifestar y decir una lengua determinada.

La liberación de las manos de las tareas de locomoción no sólo hizo posible la fabricación de herramientas y utensilios y la expansión del cerebro, sino que permitió observar de manera distinta, la disposición de los objetos que aparecen en el campo visual. La mano se convierte en un objeto más en dicho campo, pero con la diferencia de que se tiene sobre ella un control estricto, hasta que es capaz de llegar a producir una mímica sobre un objeto inexistente: así se crea la comunicación gestual simbólica.

Con la comunicación verbal, que inventa posteriormente, se libera el sentido de la vista para transmitir más información. Escuchar la propia voz, significó para el homínido (individuo perteneciente al orden de los primates superiores, cuya especie superviviente es la humana) un logro más sorprendente que ver su mano dibujando un gesto. El homínido que inventó el lenguaje, entendido como intercambio intencional de símbolos acústicos abstractos y no meros gestos, permitió, el avance de la cultura como fenómeno propio de la especie humana.

La necesidad que tiene el ser humano de comunicarse, generó, pues, el lenguaje gestual, el lenguaje hablado y el lenguaje mediante signos gráficos, hasta constituir un sistema de comunicación que está basado en símbolos gráficos convencionales, denominado escritura.


INICIOS DE LA ESCRITURA

 
Las Protoescrituras



Los investigadores se ven en un difícil trance cuando tienen que interpretar ciertos símbolos encontrados en cuevas de la Era Glacial. ¿ Qué puede significar, por ejemplo, el dibujo de una mano rodeada de círculos? Realmente no se sabe. Lo que sí sabemos es que a eso no se le puede llamar aún escritura. Seríamos demasiado crédulos al creer que los moradores de las cuevas contaran con un sistema de escritura; pero no parece descabellada le idea de que contaran con una limitada forma de expresión escrita. Es por eso que a estos símbolos les llamamos protoescrituras, debido a que se encuentran en el umbral de la escritura plena. Los primeros síntomas de escritura (las protoescrituras) surgieron ante la necesidad de contar mercancías, jornaleros, ganancias; o de contar días y ciclos lunares para diseñar calendarios. Además, las protoescrituras, aunque nacieron antes que la escritura, se han mantenido conviviendo con ella a veces hasta nuestros días.

Una de las primeras manifestaciones la descubrimos en la Era Glacial donde los hombres de ese período realizaban muescas en huesos con materiales diversos, posiblemente para llevar la cuenta de los ciclos lunares. Artimañas parecidas las usó la Hacienda Inglesa entre el año 1100 y 1834 a través de las “tarjas”, tablillas de madera en las que, además de anotaciones de las cantidades en cuestión escritas en su superficie, los funcionarios realizaban muescas que, en función de su tamaño y grosor, reflejaban las cantidades escritas. Otra artimaña distinta es la de los “quipus” incas, cuerdas donde se realizaban nudos para representar cantidades. Otro ejemplo muy distinto de protoescritura es el de las cartas que se enviaban los indios norteamericanos; pero quizá las muestras más importantes de protoescritura sean las de tipo económico, realizada en tablillas de arcilla. Este tipo de protoescritura tuvo su antecedente en las “fichas” de arcilla usadas entre el 8000 y el 1500 a. de C., y que servían como apoyo a la mnemotecnia humana en transacciones económicas complejas, pues permitían operar aritméticamente con grandes cantidades. Realmente esto ni siquiera es protoescritura, pero pronto estas fichas fueron introducidas en el interior de bolas huecas hechas también de arcilla que, a modo de sobre esférico, albergaba un número de fichas inscrito en la superficie, y al mismo tiempo hacían más difícil la falsificación de las fichas, ya que ahora debían ir en el interior de las bolas. Esas inscripciones talladas en la superficie de la “bulla” sí pueden considerarse protoescrituras.

Éste es el paso previo a las primeras tablillas de arcilla; éstas surgieron en Mesopotamia , allá por el 3300 a. de C., y se valen de signos que reflejan cantidades, y también de otros que simbolizan materias primas. La tecnología empleada para representar los numerales sobre estas tablas no es otra que la de presionar con el extremo redondo de un estilo de caña sobre el barro blando, obteniéndose diferentes signos según la posición del estilo al presionar (vertical, oblicuo, etc.). Una vez escrito, el barro se cocía y se volvía, pues, indeleble. Su sistema cardinal es realmente sorprendente: además del uso del sistema sexagesimal, destaca el hecho de que un mismo signo numeral varía de valor en función al contexto referido (ovejas, cebada, campos).

En definitiva, este sistema no pasa de ser una protoescritura, pese a que, sobre todo en sus últimas manifestaciones, se nos revela como un embrión del futuro cuneiforme.
 


Los Jeroglíficos Egipcios
Los jeroglíficos egipcios no parecen haber evolucionado a lo largo de los siglos: nos los encontramos de repente en el año 3100 a. de C., en la antesala del Egipto Dinástico, y progresará poco a lo largo de su existencia. En general, la cultura y la escritura egipcia despertó el interés y la admiración de las civilizaciones posteriores, pero no fue hasta el Renacimiento donde prendió la verdadera llama decodificadora. Fue en este siglo XVI cuando se publica un manuscrito perdido de Horapollo de Nilópolis, docto egipcio del siglo IV a. de C. que dedicó su vida a la resolución de estos “acertijos”. Sus teorías eran demasiado fantasiosas y la mayoría erróneas.

Por desgracia, autores como Kircher, Warburton o Zoëga las tomaron por premisas ciertas, y comenzaron sus estudios sobre cimientos precarios. No obstante, también intuyeron algunas claves importantes, como la de que los jeroglíficos pudieran tener una base fonética (en contra de lo que pensó Horapollo); y la de que sería conveniente guiarse del copto (idioma tardo-egipcio de influencia griega que se mantenía allá por el siglo XVIII), ya que podía sugerir cómo se pronunciaban las palabras en el Egipto Dinástico.

Pero la clave para la resolución llegó en 1799. En ese año, un destacamento francés apostado en Egipto encontró la Piedra Rosetta, una gruesa plancha de piedra de 114 x 72 cms. Fue inmediatamente enviada a El Cairo, prevista su importancia. Allí pudo ser analizada por estudiosos y expertos. Era una piedra con una inscripción trilingüe (griego, egipcio y demótico). El primer paso fue traducir el texto en griego. La roca recreaba un decreto de los sacerdotes en honor al primer aniversario de la coronación de Ptolomeo V. Así, Thomas Young, líder de los descifradores, procedió a buscar la palabra “Ptolomes” (Ptolomeo según fuentes del copto). La identificación de ciertos nombres propios le permitió diseñar un alfabeto provisional para éstos, pero no pudo llegar mucho más allá de esto. Y es que el principal problema de Young fue el mismo que el de Horapollo: creer que la escritura egipcia había de ser no fonética, salvo en nombres propios extranjeros como Ptolomeo. El primero que fue capaz de salvar este problema fue Champollion, que intuyó correctamente que la escritura egipcia se componía de una parte fonética y de otra semántica; además de deducir algunos signos silabo-fonéticos y algunos casos de homofonía. Es, pues, a Champollion a quien debemos el método de lectura de los jeroglíficos.

Es posible que la idea de escritura fuera importada por los egipcios desde Mesopotamia, a partir de la invención del cuneiforme. A partir de la escritura egipcia se desarrollaron coetáneamente a ésta dos tipos de escritura cursiva: la hierática (usada por los sacerdotes) y la demótica (de uso documental). Los jeroglíficos podían escribirse tanto de izquierda a derecha como de derecha a izquierda, aunque solían adoptar la última dirección en la mayoría de los casos, excepto cuando por simetría convenía usar ambas (por ejemplo, en inscripciones idénticas flanqueando puertas).

Hoy día no sabemos cómo sonaba exactamente el idioma egipcio; de ahí la diversidad de maneras de escribir un determinado nombre (Kefrén=Jefrén). No en vano, el idioma egipcio lleva extinto varios miles de años. Además, se suma la dificultad de que no incluían símbolos fónicos que representasen las vocales, lo que redunda más en la divergencia de escrituras posibles de una misma palabra. Aun así, contamos con dos pistas importantes:

Una de ellas es el copto, la última fase del idioma egipcio, que nos permite hacernos una idea de cómo se escribía en el Egipto de la era Dinástica. La otra es la de los préstamos lingüísticos que el egipcio hizo a otras lenguas vecinas, que se han mantenido a lo largo de los años a pesar de la desaparición de los jeroglíficos.

Pero adentrémonos ahora en lo que es puramente escritura egipcia jeroglífica. La escritura jeroglífica se vale de :

Signos monoconsonánticos: los 24 signos consonánticos que reciben el nombre de “alfabeto”.

Signos biconsonánticos: que representan sonidos como /ms/, /mr/, /sw/,…

Signos triconsonánticos: que representan sonidos como /ndm/, /htp/,…

Complementaciones fonéticas: o añadidos de uno o varios signos monoconsonánticos, colocados al final de la palabra, para que aclaren la pronunciación de ésta.

Determinativos: logogramas que se suman al final de los fonogramas para aclarar el significado de una palabra en su contexto concreto. La mayoría suelen ser de naturaleza pictográfica.

De esto podremos preguntarnos, ¿para qué necesitaban los egipcios este sistema tan complejo?, si ya contaban con 24 signos monoconsonánticos con los que valerse de una manera igualmente eficaz. La respuesta es el prestigio, la tradición y, en general, el poder de una casta sacerdotal conservadora que se negaba a sacrificar la belleza y complejidad de su sistemas para alcanzar otro accesible a todos.

Lo que nos ha llegado de escritura egipcia es fundamentalmente inscripciones en piedra y loza, y la escritura sobre papiro:

 Lo escrito sobre piedra y loza es generalmente referente a nombres de faraones y títulos reales; de lo cual lo más destacado es quizá la piedra Rosetta, conservada en el Museo Egipcio de Londres. De lo escrito sobre papiro conservamos mucho menos, puesto que no ha sobrevivido al paso de los años (no tampoco a los escrutinios de las bibliotecas donde se archivaban). El papiro era fruto de la unión de finísimas tajadas de caña, pegadas con su propio jugo. Un cómodo material, más fácil de manipular, que ha valido para escribir “el Libro de los Muertos”, quizá la obra más destacada en este soporte, que describe las ceremonias y ritos que han de seguirse para que el difunto alcance la vida eterna.


La Escritura Maya



La escritura jeroglífica maya es ideográfica, puesto que sus caracteres representan ideas y no figuras ni sonidos. Los caracteres no contienen un cuadro de la idea, sino un símbolo de la misma. Los caracteres que se emplean en este sistema de escritura generalmente son apenas algo más que símbolos convencionales.

El hecho más importante acerca de la escritura jeroglífica maya puede representar la fase más antigua de un sistema gráfico formal que haya llegado hasta nosotros. Esto no significa que la escritura jeroglífica maya sea el sistema gráfico más antiguo que se conoce. Las inscripciones mayas tratan en primer lugar de cronología, astronomía y cuestiones religiosa. Son tan completamente impersonales que es posible que jamás se haya grabado en ellas el jeroglífico del nombre de un hombre. El objeto principal y más importante de las inscripciones mayas de la Epoca Clásica era la fecha de la dedicación de cada monumento, la llamada Serie Inicial, generalmente grabada al principio de cada inscripción. Esta fecha se inscribía hasta el día en que se hacía la dedicación.

Cada una de las diecinueve divisiones del año civil de 365 días tenía su propia deidad. En la mayoría de las inscripciones el jeroglífico del nombre del dios patrono en cuyo mes caía la fecha correspondiente de la Serie Inicial, aparece grabado en el primer jeroglífico de cada texto.

A través de la combinación de elementos gráficos que representaban ideas, los mayas lograron dejar testimonio escrito de su historia y de sus descubrimientos en astronomía, matemáticas, medicina, y muchos otros temas que les interesaban. Por supuesto, la exactitud que alcanzaron en sus calendarios, les permitía llevar una cuenta muy precisa de las fechas en que todo esto ocurría.

Los mayas registraron su escritura en códices, manuscritos pintados utilizados como libros sagrados, pero también escribieron en diversos materiales y objetos como la cerámica, el algodón y la concha; asimismo, grabaron sus jeroglíficos en la piedra de sus estelas y edificios, en la madera, y en joyas hechas de piedras de hermoso colorido y texturas.

A lo largo de la historia, mucha gente se ha interesado en descifrar el misterio de la escritura maya. Todo empezó en el siglo XVI, cuando Diego de Landa, quien fue el primer obispo de Yucatán, elaboró con la ayuda de los porpios indios un alfabeto que incluyó en su libro Relación de las cosas de Yucatán. Dicho alfabeto fue la base para los estudios que realizaron los dos más importantes investigadores de la escritura maya de este siglo: el arqueólogo inglés J. Eric S. Thompson y el lingüista ruso Yuri Valentinovich Knórosov.

Aunque la escritura maya no está totalmente descifrada, dada su complejidad, fue el ruso Yuri Valentinovich Knórosov el que verdaderamente revolucionó el sistema de lectura e interpretación de los glifos al descubrir su carácter fonético (por representar sonidos) y logo-silábico (porque las sílabas tenían significados variados e independientes). Entonces, un glifo puede leerse de varias maneras, porque se puede escribir de varias formas diferentes una misma palabra, lo cual siempre provocó confusión
 


El Primer Alfabeto


Alfabeto: palabra de origen griego formada a partir de alpha y beta, nombre de las dos primeras letras de su abecedario, serie de signos escritos que cada uno representa un sonido o más de uno que se combinan para formar todas las palabras posibles de una lengua dada.

El alfabeto trata de representar cada sonido por medio de un solo signo, lo que se consigue pocas veces, excepción hecha del coreano (que es el más perfecto) y, en menor grado, de los silabarios japoneses. Los alfabetos son algo distinto a los silabarios, pictogramas e ideogramas. En un silabario un solo signo representa una sílaba (secuencia de fonemas, entre dos y cuatro, que se emiten sin pausa). Por ejemplo, el japonés posee dos silabarios completos —el hiragana y el katakana— inventados para complementar los caracteres que poseían de origen chino. Un sistema pictográfico representa por medio de dibujos los objetos que así lo permiten, por ejemplo, el dibujo de un sol significa la palabra sol. Un sistema ideográfico emplea la combinación de varios pictogramas para representar lo que no se puede dibujar, como las ideas y los verbos de significación abstracta. Así si se combinan los pictogramas chinos sol y árbol representan la palabra del punto cardinal Este. Casi todos los alfabetos poseen entre veinte y treinta signos, aunque el rokotas, de las islas Salomón, sólo contiene once letras, mientras que el khmer cuenta nada menos que con setenta y cuatro letras.

Los primeros sistemas de escritura son de carácter pictográfico, ideográfico o una combinación de los dos; entre éstos están la escritura cuneiforme de los babilonios y los asirios, la escritura jeroglífica de los egipcios, los símbolos de la escritura china, japonesa y los pictogramas de los mayas. Lo que distingue a estos sistemas de un silabario o de un alfabeto es que el signo deja de representar un objeto o una idea y pasa a representar un sonido. Normalmente, el sonido es el sonido inicial de la palabra hablada indicada por el pictograma original. Así en el semítico temprano, un pictograma que representaba una casa, pasó a ser la escritura de la b, primera letra de la palabra beth que en este idioma es como se decía casa. El símbolo primero significó casa, luego la idea del sonido b y más tarde es la letra b, tal y como ha llegado al alfabeto español.

El alfabeto es otra interrogante que se abre inevitablemente en el tema de la escritura. Sabemos que los griegos fueron quienes introdujeron la idea del alfabeto pero, ¿fueron ellos realmente los pioneros?¿ Por qué era tan necesaria la invención del alfabeto?¿ Acaso para agilizar las operaciones comerciales? De ser así, ¿ por qué la no hay indicios de contabilidad en las primitivas escrituras alfabéticas griegas?

Los primeros indicios de escritura alfabética fueron hallados en antiguas minas del Sinaí, que habían pertenecido a los egipcios. Petrie, el autor del hallazgo, observó que la escritura, por su pequeño número de caracteres, parecía ser alfabética, y que plasmaba el idioma semítico.

¿Qué hacía escritura semítica en estas minas egipcias? Como se supo más tarde, los egipcios se habían valido de los cananeos como esclavos para explotar dichos yacimientos, por lo que es fácil deducir que los mineros habían aprendido el sistema en Canaán antes de ser apresados. Así, todo apuntaba a que la escritura alfabética había nacido en Canaán, a partir de escrituras protocananeas semi-pictográficas: las letras tomaban el nombre del pictograma que representaban antaño (la primera letra, que tiempo atrás se asemejaba a un buey, se llamaba “aleph”- buey -). Siendo los cananeos, habitantes de una región de paso para egipcios, babilonios, hititas y cretenses ; y siendo, como eran, comerciantes natos ; parece lógico que necesitasen valerse de un sistema rápido, sencillo y sin ambigüedades.

Con el tiempo, la idea de que escritura se fue contagiando a otras regiones. En el siglo XIV a. de C., los habitantes de Ugarit, mercaderes en su mayoría, persuadidos por el descubrimiento cananeo, adoptaron el cómodo sistema alfabético para transcribir su idioma, con un total de 30 signos cuneiformes. Esta forma de escritura desapareció por la crisis de Ugarit en el 1200 a. de C. Tras otras invenciones como el Lineal A (sistema de escritura silábico que tuvo un lapso de uso que va desde el siglo XVIII a. de C. al XV a. de C., donde el sentido de la escritura es horizontal de izquierda a derecha) o la escritura pseudo-jeroglífica, la idea del alfabeto parece resurgir de nuevo en zonas de Israel. Quienes rescataran el sistema alfabético del desuso serán los fenicios, comerciantes viajeros empedernidos, que a partir del siglo XI a. de C. Comienzan a usar una escritura alfabética, inspirados en los antiguos cananeos. Contaba con 22 caracteres, ninguno de ellos vocálico.

Más tarde, los griegos comerciantes apreciaron la comodidad que podía permitir un sistema alfabético: es por eso que tomaron los caracteres fenicios con un nombre aproximado al de éstos ( “alfa” en lugar de “ aleph”; “beta” en lugar de “beth”). Además, convirtieron cinco consonantes débiles en vocales.

La adopción del alfabeto fenicio por los griegos entre el 1100 al 800 a. de C. No significa que antes fueran iletrados: como ya hemos visto se valían anteriormente del Lineal B (sistema de escritura silábico que tuvo un lapso de uso que va desde el siglo XVI a. de C. al XI a. de C., donde el sentido de la escritura es horizontal de izquierda a derecha). Respecto a la razón a la que responde ese cambio de sistema tan repentino, los expertos discrepan. Unos defienden que se basa en razones comerciales y otros, los más románticos, consideran que se debe al deseo de algún culto coetáneo a Homero de conservar la belleza de la Ilíada y la Odisea en un sistema apropiado para escribir poesía épica: sin duda, el sistema fenicio con la introducción de las vocales era ideal.

Así, los etruscos tomarían más tarde el sistema alfabético de los griegos, y los romanos a su vez de los etruscos, expandiéndose así el sistema alfabético ideado por los fenicios a lo largo de Europa y, más tarde, de todo el mundo.